Nuestra conocida enemiga: ANSIEDAD.

Nuestra conocida enemiga: ANSIEDAD.

Imagínense que están solos en medio de un gentío: de repente, como si se tratase de la emboscada de un acérrimo enemigo, sienten que su mente se escapa. El corazón enloquecido patalea como un caballo al galope. La garganta, llena de aire como un río desbordado, se ahoga. La cabeza, como al borde de un precipicio, se tambalea de vértigo. El miedo se extiende, quieren escaparse pero no se puede huir de uno mismo, de las propias sensaciones. El miedo les envuelve, les estrangula; intentan controlarlo, pero es él quien les controla. Se siente enloquecer y morir al mismo tiempo. De repente, una mano amiga les toca en el hombro: “Hola cariño, discúlpame por el retraso”. Como nubes atravesadas por el sol, el pánico se desvanece, pero aún el sudor gélido en la piel les recuerda que no se trataba sólo de una pesadilla. (Nardone, G.)

Bienvenidos al mundo del Pánico.

MUNCH
En el cuadro de “El Grito” de Munch, se dice que el autor captó la esencia de un ataque de pánico/ansiedad.

En los “Trastornos de Ansiedad” constan varios episodios y trastornos: Episodio de pánico, Agorafobia,Trastorno de pánico con agorafobia/sin agorafobia, Fobia específica, Fobia social y Trastorno por ansiedad generalizada.

Hoy quería que dedicar esta entrada a los ataques de pánico. Estados de terror muy intensos, que alcanzan su nivel máximo en 10 minutos, suelen durar unos 30 minutos, pero pueden durar hasta varias horas. Son manifestaciones de la activación del sistema nervioso simpático.

Los síntomas son:

– Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca.

– Sudoración.

– Temblores o sacudidas.

– Sensación de ahogo o falta de aliento.

– Sensación de atragantarse.

– Opresión o malestar torácico.

– Náuseas o molestias abdominales.

– Inestabilidad, mareo o desmayo.

– Desrealización o despersonalización.

– Miedo a perder el control o volverse loco.

– Miedo a morir.

– Parestesias (hormigueo).

– Escalofríos o sofocaciones.

Con tener 4 de estos síntomas, ya podríamos diagnosticarlo como ataque de pánico.

Imaginad lo que se tiene que sentir al tener un episodio tan alarmante y súbito.

Este episodio forma parte de muchos otros trastorno de ansiedad, y son comunes también en población no clínica. El episodio puede darse de manera aislada e inesperada. Es posible que ese ataque inesperado de tanta activación fisiológica se asocie a la situación en la que se ha producido, y se generalice a otras, dando como resultado ataques de pánico más o menos relacionados con la situación.

Cuando, tras más de un ataque, se teme o se preocupa porque vuelvan a ocurrirle más ataques, estaríamos hablando de un trastorno de pánico. Los afectados suelen desarrollar fobofobia (miedo al miedo), tienen miedo de tener miedo, y de las consecuencias que pueda tener otro ataque de pánico.

El trastorno puede acompañarse de agorafobia, que a pesar de lo que se piensa, no es miedo a espacios abiertos, es miedo a estar en sitios públicos. Generalmente el miedo es por pensar que aparecerá otro ataque de pánico, o síntomas similares (que se van a desmayar, darles un infarto…), y que no será fácil escapar o recibir ayuda. Hay situaciones típicamente agorafóbicas: Viajar en tren, avión, autobús, estar en espacios con mucha gente, conducir por autopista o en atascos, un túnel, un puente…

Necesitan la presencia de personas que le den seguridad para plantarle cara a esas situaciones, y así se hacen más dependientes e incapacitados. Se van haciendo más pequeños, y más pequeños hasta que, por no hacerle frente a las situaciones, terminan viviendo aisladamente sin salir de casa. Hay casos de muchos años sin salir de casa, impidiéndoles incluso ir a buscar ayuda de un psicólogo.

El primer ataque cae del cielo (por hiperactividad fisiológica), normalmente por reacción a situaciones de estrés. Se produce un condicionamiento y generalización a las situaciones. El procesamiento cognitivo está muy implicado en las evaluaciones del entorno como peligroso potencialmente para la persona que sufre este trastorno.

Estamos ante uno de los trastornos más incapacitantes que existen, que siendo irracionales y exagerados en relación a las amenazas reales, despojan a los que lo sufren de todas su capacidades personales y autónomas.

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