Maternidad, Bonito Aprendizaje.

DestacadoMaternidad, Bonito Aprendizaje.

Primer domingo de mayo, día de las madres. Este año las circunstancias son especiales, atípicas totalmente. No hay besos ni abrazos, pocas flores y mucha distancia, demasiada, más de la que debería haber entre dos corazones que estuvieron en el mismo cuerpo, que compartieron la misma sangre.

Felicidades a todas las madres, felicidades porque el camino es difícil, porque no hay señalización, a veces vamos a ciegas, lo que ocurre es que el cariño es un buen gps y siempre te va acercando al camino más adecuado, pero de vez en cuando hay que “actualizarlo”.

Una madre tiene la misión más difícil del mundo, que es dejar caminar por la vida, mostrando a sus hijos lo que les hará felices, enseñándoles a navegar en buena dirección, y a buena velocidad. Una madre te anticipa dónde está la piedra con la que pueden tropezar, e incluso a veces tropieza ella misma por sus hijos. Pero antes o después, una madre sabe que si no aprendes a evitarlo, tendrás que tropezar por ti mismo.

Hoy quería hablaros de uno de los problemas más comunes que nos encontramos en consulta, que nacen del amor más profundo, pero que impide que los hijos se desarrollen como personas libres, responsables y autónomos, que puedan poner en marcha sus propias capacidades y hacerse fuertes: la sobreprotección.

Y sorprendidas madres me preguntan:

¿Pero cómo va a ser malo que yo no quiera que le pase nada malo a mi hijo/a?

Lo primero que yo les digo a esas madres es que la intención está llena de amor, y que ese amor es incuestionable, pero que quizás esta manera de transmitirles ese amor a sus hijos puede conllevarles ciertos problemas en el futuro.

Ninguna de las familias llega a consulta porque dicen tener un problema de sobreprotección. Generalmente la sobreprotección conlleva a dos tipos de problemas (a groso modo) que son los que nos llegan: hijos que no asumen las responsabilidades de sus actos ni aprenden de sus errores, e hijos con muchos problemas de seguridad en sí mismos.

Dentro de los que no asumen responsabilidades nos encontramos a personas que, problema tras problema, siguen cometiendo los mismos errores, sin importarles mucho quien sufra, incluso sean ellos mismos los que sufren. Buscan el disfrute inmediato, se vuelven egoístas y no ven más allá de lo que les interesa. Esta circunstancia está muy relacionada con los problemas de adicciones, el consumo a pesar de los problemas que trae consigo en las primeras fases, hasta que se ve envuelto en la pérdida de control. Muchas veces detrás de ese comportamiento de problemas, de falta de responsabilidad, de inmadurez, falta de compromiso, etc., nos encontramos a unos padres que tratan de paliar las consecuencias negativas de los actos que comete su hijo, tratan de “salvarlo”, pero mientras lo salvan se hunden ellos, buscando el alivio entran en una espiral cada vez más profunda en la que su hijo se pierde sin remedio. Y se va perdiendo la familia al completo, porque solo cuando el hijo soporta las consecuencias de sus actos puede aprender de ellos, si lo sufre, no querrá sufrirlo en el futuro, y eso hará que cambie, pero si son sus padres los que lo sufren por él… poco le importará que pase de nuevo. Para él el disfrute y que lo arreglen otros.

El otro tipo de problemática que trae la sobreprotección es la inseguridad. La falta de confianza en uno mismo tiene un amplio abanico de manifestaciones. Vemos a jóvenes incapaces de afrontar solos situaciones que supongan retos importantes, les cuesta despegar, dudan de todo y de todos, siempre a la retaguardia, se atreven si alguien les acompañan, no se ven en este mundo de manera independiente. Esto le trae problemas a la hora de relacionarse con los demás, dificultades a la hora de tomar decisiones y cualquier cosa que implique escucharse a sí mismo. La autoestima se queda pequeñita en medio de una tormenta en la que la persona quiere hacer pero no tiene fe en sí mismo, porque siempre lo hicieron por él. Los hijos sobreprotegidos que son inseguros son como un pájaro que se mantiene en la rama del árbol bloqueado por el miedo a que la rama se rompa, y todo porque confía más en la rama que en sus propias alas, ¿sabéis por qué? Porque nunca voló con ellas.

La sobreprotección también se da por parte de los padres, pero tengo que decir, en honor a la verdad, que en mi experiencia, la mayoría de los casos son las madres las que son más protectoras, quizás por una cuestión relacionada con que las mujeres son algo más emocionales.

Creo que no está lo suficientemente estudiado, pero seguro que el abrazo de una madre hace que algo cambie en nuestros niveles de neurotrasmisores, nuestras hormonas y todo eso lleve a cambiar nuestra calma en un instante.

Porque no hay huracán que no apacigüe el olor de una madre.

Porque ella es ella, y siempre será.

“Quiero regalarte una sonrisa

que colme de luz tu corazón,

quiero regalarte un abrazo

y con él, todo mi amor.

Quiero que me mires a los ojos

Y que en ellos también te mires tú;

mamá, eres para mi tan importante

que el mundo a veces…

somos tú y yo.

Tus brazos siempre se abrían cuando quería un abrazo.

Tu corazón comprendía cuando necesitaba a una amiga.

Tus ojos tiernos se endurecían cuando me hacía falta una lección.

Tus fuerzas y tu amor me guiaron y me dieron alas para volar.

Mi madre encuentra la felicidad cuando yo la encuentro.

Cuando yo vivo algo hermoso, lo vive a través de mi experiencia.

Mi madre reza por mí, incluso cuando yo sólo rezo por mí mismo.

Mi madre me daría el mundo entro si fuese capaz. Gracias mamá”.

(Anónimo).

Este es Tu Espacio de Psicología, si quieres que hablemos de algún tema que te preocupe o del que quieras saber más contacta conmigo a través de mi email.

Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

640563584 – cimapsicologia@gmail.com

Artículo publicado en Diario de Huelva el 02/05/2.021.

Carta a COVID.

DestacadoCarta a COVID.

Querido COVID:

Te escribo desde el confinamiento que llevamos desde hace algo más de un mes, con la previsión de que se alargará al menos 15 días más, y con la seguridad de que cambiarás nuestras vidas durante un largo tiempo. Y lo hago porque existe la necesidad de encauzar todas estas emociones. Tengo que decirte que estamos realmente enfadados contigo, y creo que nuestros motivos son muy justificados para estarlo. ¿Sabes por qué? Has llenado nuestras vidas de incertidumbres, y las has vaciado de besos, abrazos, costumbres, risas, comidas y momentos. Nos has arrancado muchísimas cosas, a nosotros, que nos creíamos dueños y señores del mundo y de la vida. Has venido a sacarnos de nuestras comodidades, de nuestros trabajos, nuestras vacaciones, nos has quitado nuestros ritos, no podremos vivir nuestras estaciones de penitencia, no podré coger las manos de nuestros hijos para ir a pedir cera, las competiciones no terminarán, todo se ha congelado. Has dejado tantas historias interrumpidas…

No hay fiestas, ni de cumpleaños, ni de ningún tipo, porque no pueden existir invitaciones. La muerte no sólo llega de tu mano, la guadaña sigue actuando por las causas de siempre. Hay duelos rotos por todos lados, sin despedidas, sin tocar su piel por última vez, y todo eso sin poder recibir abrazos ni consuelos, si es que los hubiera.

Y es que sólo son dos meses, pero te das cuenta de que pueden pasar tantas cosas en solo dos meses… que asusta la inmensidad de la vida.

Estamos muy enfadados Covid, mucho, ha llegado un momento en el que ya no podemos decirles a nuestros hijos si podrán volver a ver a sus compañeros de la guarde, que no sabemos si volverán a ver a su “seño”, la que nombran por las mañanas. Tienes a nuestros jóvenes enfrentando la dureza de no estar con sus amigos y sin saber qué va a pasar con su futuro, imagino a los chicos de selectividad, ellos también están enfadados, tienes que saberlo.

Algo me preocupa más, y es cuando el enfado pierde fuerza, entonces se convierte en tristeza, y es lo que están sufriendo todos esos abuelos cuya chispa son sus nietos, que deseaban los momentos de oír sus voces entrando por las puertas. No se si lo sabes Covid, pero la pantalla de un teléfono es una puerta muy pequeña para todos.

También nos ha fastidiado que nos quites libertades que nos encantaban, como ir tranquilos a un supermercado, un paseo por la playa, un café con amigos, domingos de campo, un paseo en moto, ver a nuestros hijos disfrutar del parque, comer en familia o la seguridad del sueldo ganado con nuestro trabajo.

No vamos a perdonarte la preocupación que tenemos sobre nuestros mayores, que en muchos casos están solos, por miedo de ellos, y miedos nuestros, porque tiene que ser un peso muy grande perder al abuelito porque me descuidé y te llevé a su casa. Y es que es tan fácil llevarte de un sitio a otro…

No te perdonamos las lágrimas que hemos visto, de impotencia, de necesidad, de amor, de distancias, porque tratamos de matarte a un metro y medio, pero a esa distancia estamos muriendo nosotros.

Pero lo que no vamos a perdonarte nunca es que hayas quitado el abrazo de padres, de hijos, que nos hayas quitado su olor, su calor y su tacto, que no nos dejes ir a verlos, que no podamos recargarnos con la energía de la que fue nuestra casa, que no podemos sentir la magia que sólo nos da esa casa, y que ahora tanto nos falta.

Y aunque suene extraño, también queríamos darte las gracias. Porque llegaste tú para reclamar el equilibrio que el planeta necesita. Llegaste tú y colocaste la impetuosa mano del hombre entre cuatro paredes, para que la Tierra pudiera respirar, para que el mar pudiera volver a ser azul, los animales recuperaran terreno y el cielo dejara de estar tapado por la contaminación, ese manto gris.

Además, nos has “regalado” tiempo, encerrados, pero tiempo. En estas circunstancias sólo nos queda nuestra casa, y digo solo porque la realidad nos da en la frente para decirnos que lo realmente importante está en esa casa, nuestra familia, nuestra salud y nuestras necesidades tienen que estar cubiertas en esa casa. Solo nos queda nuestra casa, pero es que nuestra casa lo es todo, o debería serlo. Y en esa casa, y con ese tiempo, han vuelto los juegos en familia, las horas de lectura, pinturas olvidadas, sonidos de instrumentos guardados, imaginación para hacer deporte, y sobre todo, la conversación con uno mismo.

Qué pena que hayas tenido que venir tú para enseñarnos eso Covid.

Y somos privilegiados, porque has atacado a gente que lo único que quieren es ir a ese templo, su casa, y no pueden porque les ahogas, y luchan por sus vidas en hospitales. Y además, querido Covid, nos hemos dado cuenta de que has nivelado las cosas, y ahora todos parecemos un poco más iguales, porque no importa el coche que tenga en tu garaje, cómo de poderoso sea o las cifras en su número de cuenta, ya que si tú lo atrapas… es tan vulnerable como cualquier otro. De pronto has venido a demostrar que cualquier cuerpo es una posible diana que puedas llevar a la muerte, sin importarte su apellido.

Eres invisible, temible e imprevisible, tienes un impresionante ejército, pero no contabas con el nuestro, pues tenemos unos soldados con batas blancas que están demostrando ser una tropa con una calidad humana, una solidaridad, una valentía y una fortaleza impresionantes, que tenemos que cuidarlos y cuidarnos, porque…

 ¿Sabes qué Covid?

Que esta batalla la vas a perder.

Te la vamos a ganar.

 Y cuando te ganemos, nos GANAREMOS.

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Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

640563584 – cimapsicologia@gmail.com

*Artículo publicado en Diario de Huelva el 20/04/2.021.

Convivencia en Tiempos de Confinamiento.

DestacadoConvivencia en Tiempos de Confinamiento.

Llevamos tres semanas de confinamiento en casa, y ahora sabemos que tendrá que alargarse al menos dos semanas más. En el mejor de los casos algunos de los miembros salen a trabajar, a hacer las compras o sacar al perro. Aun quitando estas excepciones, son muchas horas las que se están pasando en casa con el resto de miembros de la familia. Cada casa es un mundo, algunos estarán solos, otros conviven en pareja, otras familias tienen hijos pequeños, otras tienen adolescentes y otras tendrán hasta el suegro o suegra en casa.

A lo largo de nuestra vida vamos llevando a cabo estrategias para poder equilibrar nuestro estrés, mantener a salvo nuestras relaciones e incluso para estar mejor con nosotros mismos. Y muchas de esas estrategias tienen que ver con salir de casa. De hecho, una de las estrategias más usadas en terapia de pareja es la llamada “tiempo fuera”, que no es más que irme a dar una vuelta cuando la discusión con la pareja se me va de las manos y la persona, para prevenir descontrol, sale a dar una vuelta a la manzana. Claro que en este estado de confinamiento que nos encontramos es una irresponsabilidad y además puede hacer que volvamos a casa con un regalito en forma de multa nada apetecible.

Socializamos, damos paseos, algunos calman su ansiedad con el deporte, vamos de compras, comemos fuera los fines de semana, vamos con los niños a los parques, nos reunimos en familia, viajamos… todo esto nos ayuda a equilibrarnos, nos ayuda a encontrar nuestro bienestar psicológico y emocional, y ahora no podemos hacerlo. Todo aquello que se hace fuera de casa para sentirse mejor ya no se puede hacer, con lo cual se están acumulando muchas emociones negativas y situaciones conflictivas sin poder recurrir a ese “escape” al que se está acostumbrado, y esto puede afectar mucho a las relaciones en casa. Es por eso mismo que os traigo algunas recomendaciones que se pueden llevar a cabo en casa para mantener la paz y el buen ambiente para que la convivencia sea buena para todos, ya que tenemos que estar confinados, hacerlo con una buena convivencia.

En primer lugar, es muy importante tener un equilibrio entre el tiempo que se pasa en familia y el que se pasa con uno mismo en soledad, si estamos acostumbrados a tener espacios en soledad en circunstancias normales no podemos pasar a estar absolutamente todo el tiempo en familia, porque produciría sensación de agobio y ganas de huir. Sin embargo, es bueno pasar algunos momentos en soledad, dedicarse tiempo a uno mismo. Igualmente tampoco es bueno aislarse y pasar demasiado tiempo a solas, ya que las relaciones sociales y emocionales (en este caso con nuestros familiares) nos aportan cosas positivas como el cariño, compartir cosas, juegos, risas, conversaciones, etc. Por eso lo fundamental es encontrar el equilibrio entre pasar tiempo en familia y hablar contigo mismo en soledad.

Otro aspecto importante que puede ayudar a una buena convivencia es gestionar los conflictos de manera adecuada. En la situación en la que vivimos no nos viene nada bien enfadarnos y llevarnos tres días sin hablar con la pareja, así que tenemos que tratar de resolver los conflictos que tengamos, y cuanto antes mejor, pero no de cualquier manera, porque si una discusión te altera mucho es mejor tomarse un descanso de unos diez-quince minutos y continuar después. También ayuda mucho la NEGOCIACIÓN, cada vez uno elige algo (programa de la tele, videojuego, comida, tarea del hogar, etc.) dentro de lo razonable en las responsabilidades, y los demás ceden, pero con la condición de que todos los miembros de la familia elegirán algo y el resto cederá. La negociación funciona muy bien porque los miembros ceden porque en otro momento conseguirán lo que quieren, y esto provoca el equilibrio, todos los miembros se sienten con la misma importancia.

Ojo con las limpiezas, si bien muchos hogares están aprovechando el confinamiento para hacer la limpieza del año, no es bueno establecerlo como una prioridad absoluta, se trata de que a lo largo del día se hagan cosas tanto de responsabilidades como aficiones. Si pasamos la semana con la limpieza descuidamos ese equilibrio de obligaciones/devociones tan importante para el bienestar psicológico (a no ser que te encante limpiar). Por eso es importante estructurar los días y hacer un poco de todo, mis obligaciones de convivencia y de la casa, pero también planificar mis momentos del día haciendo cosas que me gusten, que me distraen y me entretienen (leer, pintar, tocar algún instrumento, jugar a algo, ver películas o series, escribir, etc).

Vamos a pasar mucha cantidad de tiempo de casa, pero tenemos que tratar de convertirlo también en tiempo de calidad. Ya vendrán tiempos de estar lejos de los nuestros, de estar trabajando hasta tarde, ya vendrán los “ahora no puedo”, los “tengo prisa, después hablamos”, los “comemos cualquier cosa”, etc. Aprovechemos esta obligada oportunidad para los “cuéntame que te pasa”, “qué te apetece hoy”, “vamos a ver las fotos de la boda”, “hijo, hoy jugamos a lo que quieras”, “hace tiempo que quiero cocinar esta receta…”, y si pensamos, mil cosas más que sólo podemos hacer si paramos la inercia frenética que llevamos, que desgraciadamente volveremos a ella, esperemos hacerlo con la experiencia vivida de que nuestro mayor tesoro lo tenemos en casa.

Hay que estar en casa, elige si sufrirlo o disfrutarlo. 

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Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

640563584 – cimapsicologia@gmail.com

*Artículo publicado en Diario de Huelva el 04/04/2.021.